Enfermo el deseo, buscamos en los hospitales del consejo, la solución.
En los escondites de lo prohibido, la excitación de no ser,
quisimos detener la sangre de la rutina que brotaba por todos lados.
Quisimos, pero hace tiempo...Antes de acostumbrarnos a no intentar,
a no querer más de lo permitido.
Y después de los gritos del silencio, la puerta se cerrará una vez más,
pero esta vez, en la multitudinaria ciudad, nadie nos sigue.
Me puse a pensar en la curiosidad del renglón vacío, en la velocidad de la mano por llegar a escribir a tiempo lo que dice el corazón, en la llegada de los recuerdos que me transportan a kilómetros de aquí, sin salir de mi casa.
Cuando uno empieza a escribir todo es posible, los invito a que hagan la prueba y desnuden a su alma frente al papel, ah y después me cuentan lo que sale.
Ahora los dejo porque el mar está creciendo y debo dejarme llevar por las olas como un velero sin rumbo.
Intento hacer palabra de la poesía que vive, de la poesía que me despierta, que no me deja dormir, y que me busca desesperadamente.
Soy un agradecido por ser un pasajero de este viaje, que es sin duda el más hermoso de todos.
Pero no se por qué y quisiera saber si alguien lo sabe, me conmueve mucho más, un nunca más que un hasta siempre. Una condena de olvido que un recuerdo, una lágrima de tristeza que una caricia...
No lo sé, algunos le llamarán sensibilidad de poeta o me acusarán de ser un hijo del tango.
Lo cierto es que yo no conozco otra poesía, que no sea la escrita con el corazón en la mano...